REGLA DE ORO
REGLA DE ORO
Por Espartaco Posse Varela
Por Espartaco Posse Varela
“La finalidad del documental es
representar la vida bajo la forma
en que se vive”.
-Robert Flaherty-
representar la vida bajo la forma
en que se vive”.
-Robert Flaherty-
Cuando me reincorporé abrí mis ojos y los vi, los vi a todos correr de prisa. Y tirado desde el suelo, les gritaba pero no me escuchaban. Y tomé fuerzas para hacer las señas <<¡De que no me dejaran!>> al agitar mis manos como espantado moscas. Y la comandante Melan Gomez hizo señas al resto para que fueran por mí, pero nadie le hizo caso.
Entonces, ella se vino y me ayudó a que pusiera en pie y comenzar con la retirada. ¡Y mi maldita pierna derecha no colaboraba! -Ni que hubiera subido dos veces al cerro Punta Corral…- Y el resto de la tropa se dieron cuenta que estábamos retrasados y el último camión empezó a retroceder para acortar la distancia.
Entonces, ella se vino y me ayudó a que pusiera en pie y comenzar con la retirada. ¡Y mi maldita pierna derecha no colaboraba! -Ni que hubiera subido dos veces al cerro Punta Corral…- Y el resto de la tropa se dieron cuenta que estábamos retrasados y el último camión empezó a retroceder para acortar la distancia.
<<¡Apúrate me gritaba!>> Le leía los labios y me acordé de que me faltaba algo. Los huevos encontrados y le gritaba desesperado a través de la escafandra y no me entendía salvo “hueso” y tuve con mis manos hacer la representación como si fuera un huevo de pascua y después le señale mis huevos y seguido con el índice señale la caja que había olvido con uno de ellos y ella me dejó su ametralladora y se volvió por ella echando diablos, mientras el camión se acercaba a mí pero se veía a los lejos como una manada avanzando frenéticamente levantando polvo y sentía aquellos ruidos extraños como animales al asecho y por encima de nosotros paso una intensa sobra tras los primeros camiones, no podía hacer nada, ni avanzar pero saque mi revolver y le empecé a disparar a los que estaban más cerca que se aproximaban cabalgando… Y con todas mis fuerzas use la ametralladora como bastón y caminé con ella para alcanzar al último camión hasta salieron dos manos expendidas de arriba con guantes negros y quienes me ayudaron a subir con el último empujón de ella y subió la caja con el enorme huevo…
Y mientras el camión marchaba ella subió después de correr un rato y quedó extenuada e hizo otras señas, que apenas entendí, pero comencé a cargar las armas por las dudas y prepararnos para hacer el contacto en la retaguardia. Y nuestro camión comenzó a tratar de alcanzar a los otros por el camino astillado de piedras. Y allí comenzó a tambalearse por el camino de piedra ni que fuera un cuatriciclo de emergencia de alta montaña…
Y mientras el camión marchaba ella subió después de correr un rato y quedó extenuada e hizo otras señas, que apenas entendí, pero comencé a cargar las armas por las dudas y prepararnos para hacer el contacto en la retaguardia. Y nuestro camión comenzó a tratar de alcanzar a los otros por el camino astillado de piedras. Y allí comenzó a tambalearse por el camino de piedra ni que fuera un cuatriciclo de emergencia de alta montaña…
—Tómese su tiempo— Me decía la atractiva oficial, al lado de mi camilla de cual estoy postrado ahora escribiendo… —Si quiere puede saltearse alguna partes. O descansar un poco más…— Y con mi cabeza hice la seña de la terquedad y seguí escribiendo mientras el lector de voz reproducía cada una de mis palabras porque no sé por qué diablos no me salía mi voz…
Y fue entonces que Melan fue la que primera desparramó la primera ráfaga de fuego. Y luego siguieron sus dos mejores tiradores. No sabía si sacarme la escafandra o tenerla para evitar más los golpes del camión y decidí seguir con ella. Y me prepare y busqué mi arma quien estaba decargada y en eso se me cayeron balas sobre el piso del camión e intentaba pillarlas entre tantas sacudidas y así pude alcanzarlas y cargar una a una. Y luego, de unos segundos ya estaba listo también para repartir fuego, pero fue en vano, no tenía ningún ángulo de tiro bueno…
Entonces, me dedique a cargar una a una esas pesadas ametralladoras que estaban en mi costado y cuando alguno de los nuestros se le acababan las municiones se las tiraba por los aires y así logramos matar bastantes a esos horribles perseguidores hasta que logramos llegar al puente principal. Pero…
Allí en el medio del gran puente estaba posada una de esas cosas, pero era tres veces más grande que las que nos seguían y encima, tenía grandes alas. Parecía lamerse las heridas en total tranquilidad. Y en ese momento no se divisaba ya a las que nos perseguían tan ligero. Y Melan pidió que la ayudaran a subir al techo y con un cruce de manos en forma de silla el grupo hizo que de un santiamén ella ya esté arriba justo cuando el camión detuvo la marcha. Del otro lado del puente aquellos camiones que salieron antes estaban en llamas y no se oía ninguna resistencia ni tampoco tiros. Y traté de mirar al resto que movían los labios y allí verifiqué que mi intercomunicador no funcionaba y también fue cuando encontré un hermoso lanza misiles en esa gran caja pesada de madera verde con letras amarillas que estaba al costado y dije: ¡Olalá! ¡Un bazuca! El juguete más deseado de todo soldado –pero hubiera preferido encontrar un ¡gas mostaza-!...
Y casi en silencio uno de los soldados clavó su cuchillo Rambo hacía arriba del techo y Melan se arrodilló y también sacó el suyo y completó un hermoso agujero por el cual lo hicimos subir al pesado juguete. Y Melan lo tomó sobre su hombro y apuntó a ese enorme dragón o bicho feo con alas intimidantes. Y cuando, iba a gatillar aparecieron por el camino de atrás esas cosas que hacia minutos antes las teníamos lejos o dadas por muertas o heridas. Y sin darnos tiempo a organizar una ofensiva, aquella jauría comenzó a correr con más brío hacía el camión como unos perros rabiosos. Y señalé el peligro tirando un tiro y se dio vuelta Melan y le disparó haciéndolas volar por los aires y el camión encendió el motor y comenzó a retroceder y nuevamente, comencé a cargar las armas. Y entre ellos se miraron como si pensaran bajarse del mismo, no podía entender que decían pero seguía lo que mi sentido común me dictaba. Y miraba sus gestos y uno levantó los hombros… Yo sabía que mi pierna derecha era inútil que ni siguiera podría tomar la marcha o cualquiera marcha, aunque la nupcial quizás esa sí… Me reí por dentro me le animo al altar pero no tengo la indicada o ella no se da por aludida... Y Melan, tiro el bazuca por el agujero e hizo una especie de mortal en el aire y cayó en el camino al mejor estilo de parkour -¡Guau qué piernas!- y en eso ya casi todos habían bajado del camión cuando me di cuenta y ya se imaginarán quién fue quien no se bajó inmediatamente. Pero el último hombre me clavó y me inyectó una especie de morfina -¡Ni que hubiera tenido fibromialgia!- Y acto seguido me miró fijo y me mostró sus cinco dedos, un puño y corto el aire con la palma de su mano. Y entendí que me quedara quieto por cinco minutos y me hizo señas con los dedos como una explosión y luego señaló al bazuca que estaba cerca de mi lado y que buscara en la caja el otro proyectil como para macho. Y con dos dedos juntos se los acercó a la sien y los bajo como si fuera un saludo o despedida o: <<Te quedás ahora solo a tu suerte, ¡Volveremos en seguida! Arreglátela como puedas, tío…>>
Y en su mirada segura, segura <<de que me iba a la mierda y que no podía llevarte ¡cómo hace un rato!>>. Pero se llevó el huevo. Y los que quedaron se metieron inmediatamente entre los árboles y me quedé solo en medio del camino pedregoso...
Al rato, me acordé que tenía algo dulce como para deleitar solo con mucho caramelo. Entonces miré mi reloj sumergible y un silencio me hizo creer que estaba seguro allí, postrado en el camión con mi pistola y la bazuca y mientras dormía la tarde y en esos cinco minutos se hicieron cinco horas… Y entonces…
—¿Enfermera, me podría traerme un flan?— Puse por escrito y los cuidadores del hospital militar se rieron y a la hora, ya venía uno en camino, pero hecho en cajita…
Entonces, me dedique a cargar una a una esas pesadas ametralladoras que estaban en mi costado y cuando alguno de los nuestros se le acababan las municiones se las tiraba por los aires y así logramos matar bastantes a esos horribles perseguidores hasta que logramos llegar al puente principal. Pero…
Allí en el medio del gran puente estaba posada una de esas cosas, pero era tres veces más grande que las que nos seguían y encima, tenía grandes alas. Parecía lamerse las heridas en total tranquilidad. Y en ese momento no se divisaba ya a las que nos perseguían tan ligero. Y Melan pidió que la ayudaran a subir al techo y con un cruce de manos en forma de silla el grupo hizo que de un santiamén ella ya esté arriba justo cuando el camión detuvo la marcha. Del otro lado del puente aquellos camiones que salieron antes estaban en llamas y no se oía ninguna resistencia ni tampoco tiros. Y traté de mirar al resto que movían los labios y allí verifiqué que mi intercomunicador no funcionaba y también fue cuando encontré un hermoso lanza misiles en esa gran caja pesada de madera verde con letras amarillas que estaba al costado y dije: ¡Olalá! ¡Un bazuca! El juguete más deseado de todo soldado –pero hubiera preferido encontrar un ¡gas mostaza-!...
Y casi en silencio uno de los soldados clavó su cuchillo Rambo hacía arriba del techo y Melan se arrodilló y también sacó el suyo y completó un hermoso agujero por el cual lo hicimos subir al pesado juguete. Y Melan lo tomó sobre su hombro y apuntó a ese enorme dragón o bicho feo con alas intimidantes. Y cuando, iba a gatillar aparecieron por el camino de atrás esas cosas que hacia minutos antes las teníamos lejos o dadas por muertas o heridas. Y sin darnos tiempo a organizar una ofensiva, aquella jauría comenzó a correr con más brío hacía el camión como unos perros rabiosos. Y señalé el peligro tirando un tiro y se dio vuelta Melan y le disparó haciéndolas volar por los aires y el camión encendió el motor y comenzó a retroceder y nuevamente, comencé a cargar las armas. Y entre ellos se miraron como si pensaran bajarse del mismo, no podía entender que decían pero seguía lo que mi sentido común me dictaba. Y miraba sus gestos y uno levantó los hombros… Yo sabía que mi pierna derecha era inútil que ni siguiera podría tomar la marcha o cualquiera marcha, aunque la nupcial quizás esa sí… Me reí por dentro me le animo al altar pero no tengo la indicada o ella no se da por aludida... Y Melan, tiro el bazuca por el agujero e hizo una especie de mortal en el aire y cayó en el camino al mejor estilo de parkour -¡Guau qué piernas!- y en eso ya casi todos habían bajado del camión cuando me di cuenta y ya se imaginarán quién fue quien no se bajó inmediatamente. Pero el último hombre me clavó y me inyectó una especie de morfina -¡Ni que hubiera tenido fibromialgia!- Y acto seguido me miró fijo y me mostró sus cinco dedos, un puño y corto el aire con la palma de su mano. Y entendí que me quedara quieto por cinco minutos y me hizo señas con los dedos como una explosión y luego señaló al bazuca que estaba cerca de mi lado y que buscara en la caja el otro proyectil como para macho. Y con dos dedos juntos se los acercó a la sien y los bajo como si fuera un saludo o despedida o: <<Te quedás ahora solo a tu suerte, ¡Volveremos en seguida! Arreglátela como puedas, tío…>>
Y en su mirada segura, segura <<de que me iba a la mierda y que no podía llevarte ¡cómo hace un rato!>>. Pero se llevó el huevo. Y los que quedaron se metieron inmediatamente entre los árboles y me quedé solo en medio del camino pedregoso...
Al rato, me acordé que tenía algo dulce como para deleitar solo con mucho caramelo. Entonces miré mi reloj sumergible y un silencio me hizo creer que estaba seguro allí, postrado en el camión con mi pistola y la bazuca y mientras dormía la tarde y en esos cinco minutos se hicieron cinco horas… Y entonces…
—¿Enfermera, me podría traerme un flan?— Puse por escrito y los cuidadores del hospital militar se rieron y a la hora, ya venía uno en camino, pero hecho en cajita…
—Ya le van a preparar cabo Manuel Arias. Por favor prosiga relatando ¿qué pasó luego?— dijo esa señorita con una gorra muy bien puesta y unos aros emperlados con un planchado traje militar…
Ya había caído la noche, mi reloj indicaba casi cinco horas de abandono de persona en combate. Y comencé a sentir a mí alrededor a esas cosas aullar y olfatear ya de cerca y bueno tenía que tomar una decisión importante entre:
A) El de disparar y quedar sordo y volar junto a uno o dos de esas cosas o más;
B) No disparar y dejar que me coman un poco y meterles algunos tiros en la cabeza con mi revolver 38 de cerca y desangrarme después de sufrir algunas mordeduras horripilantes…
C) Comer mi flan que me había traído y seguir con el plan A o B…
Y de los nervios me saqué la escafandra y abrí la lengua plateada y le di a ese flan casero industrial sin dudarlo…
Y allí, lo vi a uno de esas cosas y también a sus horribles ojos saltones que me miraron como si tuviera la regla y como saqué la lengua por ese riquísimo flan uno trató de subir a donde estaba, pero no pudo al primer intento y comenzó a retroceder como para tomar carrera. Y de los nervios, me dieron unas ganas de una flatulencia. ¡Era por el flan o mis nervios! Pero no sé porque en ese momento me vinieron una ganas tremendas de sacar mis gases y eructé a esa cosa con tantas ganas… Que rompí el silencio de la noche como si fuera el grito de un enojado león macho alfa… Ni que me hubiera tomado una Coca-cola entera, aunque me acordé que de temprano le di a unos huevos hervidos y ante mi eructo abismal con sabor a huevo lo hice retroceder un poco y dudar de su acometida, pero esa bestia también en alto en dos patas me contestó con un chillido agudo que parecía a un jabalí herido, atrayendo con ese aullido a dos bestias más que se acercaron de inmediato. Y esas cosas con pelo flexionaron sus extremidades inferiores y traseras como para saltar y atacarme dentro del camión. Me sentía como un rey de ajedrez en la banda o ¡en banda!…
Entonces, por un segundo pensé que no había ninguna mujer en mi vida esperando mi regreso aunque, si mis hijos que no los veía desde hace un año. Y de una, dejé la bazuca lista entre mis piernas y ya sabía que las seis balas de mi 38 iban a ser bien agresivas y perforadoras…
Y es allí, cuando uno recurre a Dios ¡cuando uno está en apuros o cagado!...
Pero también, recurrí a mi suerte e ingenio y de prisa tomé la pistola de bengalas e hice un tiro y salió la bengala roja echando puta por el agujero del camión. ¿Quién sabe? En todas las películas vi que siempre funciona para algo… Y me la jugué haciendo que por unos segundos no saltaran a esas cosas espantosas que estaban por hacerme su cena y las tres seguían muy atenta viendo el camino de luz que subía por el medio de la noche. Y como eran tres comencé a disparar contra el más cercana y le calcé dos tiros bien puestos uno en el pecho y el otro en la cabeza y los otros cuatros tiros no pude dar ni al segundo ni tercero porque reaccionaron inmediatamente cuando sintieron el primero sonido y se hicieron a un lado.
Yo no quería llegar al tiro de la bazuca, aunque con una morfina encima y más la pierna inútil que tenía mucho no la iba a extrañar, digo sentir el explosivo impacto. No me quedó otra que evaluar mi situación y me acordé de los japoneses y al mejor estilo kamikaze me preparé para mi final con mucha valentía, no sé porque deseaba en ese momento un chicle de menta, pero si me iba de este mundo procuré de no irme solo me lo repetía a cada rato…
Y esas cosas volvieron a disponerse para intentar subir y allí con el bazuca en mano los tenía en la mira, en el medio del círculo mayor, menor y el punto rojo y con la cruz resaltada. Era un tiro seguro y limpio, pero ninguno contaría después la historia y ambas fieras tomaron carrera y empezaron a correr para pretender ingresar al camión…
Y cerré un ojo… Y…
—¡Bang bang! — Se escuchó desde lejos y ambas bestias cayeron al piso y abrí los ojos dándome cuenta que eran las balas de los dos mejor tiradores que habían vuelto por mi bengala -¡Funciona!- y llegaron justo, a las cinco horas y cinco minutos…
—¿Enfermera, me pueden comprar chicles de menta?... Y allí en ese momento prendí mi teléfono y al entrar a la pantalla azul leí:
A) El de disparar y quedar sordo y volar junto a uno o dos de esas cosas o más;
B) No disparar y dejar que me coman un poco y meterles algunos tiros en la cabeza con mi revolver 38 de cerca y desangrarme después de sufrir algunas mordeduras horripilantes…
C) Comer mi flan que me había traído y seguir con el plan A o B…
Y de los nervios me saqué la escafandra y abrí la lengua plateada y le di a ese flan casero industrial sin dudarlo…
Y allí, lo vi a uno de esas cosas y también a sus horribles ojos saltones que me miraron como si tuviera la regla y como saqué la lengua por ese riquísimo flan uno trató de subir a donde estaba, pero no pudo al primer intento y comenzó a retroceder como para tomar carrera. Y de los nervios, me dieron unas ganas de una flatulencia. ¡Era por el flan o mis nervios! Pero no sé porque en ese momento me vinieron una ganas tremendas de sacar mis gases y eructé a esa cosa con tantas ganas… Que rompí el silencio de la noche como si fuera el grito de un enojado león macho alfa… Ni que me hubiera tomado una Coca-cola entera, aunque me acordé que de temprano le di a unos huevos hervidos y ante mi eructo abismal con sabor a huevo lo hice retroceder un poco y dudar de su acometida, pero esa bestia también en alto en dos patas me contestó con un chillido agudo que parecía a un jabalí herido, atrayendo con ese aullido a dos bestias más que se acercaron de inmediato. Y esas cosas con pelo flexionaron sus extremidades inferiores y traseras como para saltar y atacarme dentro del camión. Me sentía como un rey de ajedrez en la banda o ¡en banda!…
Entonces, por un segundo pensé que no había ninguna mujer en mi vida esperando mi regreso aunque, si mis hijos que no los veía desde hace un año. Y de una, dejé la bazuca lista entre mis piernas y ya sabía que las seis balas de mi 38 iban a ser bien agresivas y perforadoras…
Y es allí, cuando uno recurre a Dios ¡cuando uno está en apuros o cagado!...
Pero también, recurrí a mi suerte e ingenio y de prisa tomé la pistola de bengalas e hice un tiro y salió la bengala roja echando puta por el agujero del camión. ¿Quién sabe? En todas las películas vi que siempre funciona para algo… Y me la jugué haciendo que por unos segundos no saltaran a esas cosas espantosas que estaban por hacerme su cena y las tres seguían muy atenta viendo el camino de luz que subía por el medio de la noche. Y como eran tres comencé a disparar contra el más cercana y le calcé dos tiros bien puestos uno en el pecho y el otro en la cabeza y los otros cuatros tiros no pude dar ni al segundo ni tercero porque reaccionaron inmediatamente cuando sintieron el primero sonido y se hicieron a un lado.
Yo no quería llegar al tiro de la bazuca, aunque con una morfina encima y más la pierna inútil que tenía mucho no la iba a extrañar, digo sentir el explosivo impacto. No me quedó otra que evaluar mi situación y me acordé de los japoneses y al mejor estilo kamikaze me preparé para mi final con mucha valentía, no sé porque deseaba en ese momento un chicle de menta, pero si me iba de este mundo procuré de no irme solo me lo repetía a cada rato…
Y esas cosas volvieron a disponerse para intentar subir y allí con el bazuca en mano los tenía en la mira, en el medio del círculo mayor, menor y el punto rojo y con la cruz resaltada. Era un tiro seguro y limpio, pero ninguno contaría después la historia y ambas fieras tomaron carrera y empezaron a correr para pretender ingresar al camión…
Y cerré un ojo… Y…
—¡Bang bang! — Se escuchó desde lejos y ambas bestias cayeron al piso y abrí los ojos dándome cuenta que eran las balas de los dos mejor tiradores que habían vuelto por mi bengala -¡Funciona!- y llegaron justo, a las cinco horas y cinco minutos…
—¿Enfermera, me pueden comprar chicles de menta?... Y allí en ese momento prendí mi teléfono y al entrar a la pantalla azul leí:
“Tengo muchas historias tristes
para contar pero me gustaría vivir
una sola con final feliz”...
para contar pero me gustaría vivir
una sola con final feliz”...
Y abajo decía:
“Escribe una buena historia fuera de lo común como un guion cinematográfico. Si es muy buena y bien escrita puedes ceder derechos para su realización, la regla de oro: Comienzo intrigante, desarrollo creciente y final sorprendente.” -Luis Ramón Antonio-
Y vi la hora y cerré inmediatamente la computadora y salí corriendo a pagar la boleta de Internet.
¡Regla de oro: no pagues nunca con recargos y ni escribas historias atrapantes si no tienes un chocolate a mano!
¡Regla de oro: no pagues nunca con recargos y ni escribas historias atrapantes si no tienes un chocolate a mano!
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